América Solidaria: una cooperación que transforma

Uruguay
Columna de opinión de Natalia Mamberto, nuestra Directora de Cooperación.

En los últimos años América Latina y el Caribe han ganado protagonismo en la construcción de su futuro y en el apoyo a la región, como mecanismo de protección ante la amenaza de la crisis alimentaria, energética y económica a nivel mundial. En este sentido, Uruguay alcanzó un grado de desarrollo económico y social relativo que le permite posicionarse como oferente dentro del sistema de Cooperación Sur-Sur. La Cooperación Sur-Sur, basada en la construcción de asociaciones horizontales y recíprocas entre los países de la región, apunta al desarrollo de capacidades y conocimientos y busca adaptar las mejores soluciones al contexto local y las necesidades de estos países.

Desde 2010, la recientemente creada Agencia Uruguaya de Cooperación Internacional (AUCI), lidera trabajos de campo e investigación en torno a las áreas en las que Uruguay ha logrado un mayor nivel de desarrollo y en las que el país puede contribuir a la región. Estas áreas van desde el desarrollo agropecuario y de infraestructura hasta el desarrollo social. Incluso, uno de los temas centrales en los que Uruguay ha generado cambios estructurales ha sido en el diseño y gestión de programas sociales para el abordaje integral de la pobreza. La CEPAL destaca las cifras alcanzadas por Uruguay en estos últimos años, llegando a registrar un nivel de pobreza de 8,6% y un 1,4% de indigencia; los niveles más bajos de las últimas décadas.

No obstante, Uruguay está enfrentando graves problemas en el desarrollo de sus políticas educativas y de retención de sus estudiantes dentro del sistema educativo formal, especialmente en las edades comprendidas entre los 12 y 29 años. En cifras relevadas por el Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay (MEC) casi la mitad (47%) de los jóvenes entre 12 y 29 años que se desvincularon del sistema educativo lo hicieron al iniciar la educación media. Como consecuencia, encuentran enormes dificultades para buscar empleo y acceden a trabajos de mala calidad, sin posibilidades de movilidad ascendente.

Si bien, desde la AUCI se plantea el desarrollo de estos avances a nivel social y se señala la posibilidad de transferir conocimientos mediante la Cooperación Sur-Sur, aún no se han definido mecanismos claros para la transferencia de estos conocimientos. Es aquí donde puede existir una oportunidad para el trabajo que promovemos desde América Solidaria, de la mano de nuestros profesionales voluntarios que durante un año contribuyen al fortalecimiento de proyectos locales, transformando sus vidas y dejando huellas en las comunidades más desfavorecidas, 

América Solidaria Uruguay, se encuentra dando sus primeros pasos para contribuir en el desarrollo de estrategias de socialización de conocimientos y buenas prácticas en el área social. Recientemente partieron dos profesionales voluntarios uruguayos que se encuentran trabajando en proyectos de educación inicial y prevención del trabajo infantil en Haití y Ecuador. En las próximas semanas comenzaremos a buscar nuevos profesionales que quieran trabajar para el fortalecimiento las comunidades más pobres de nuestro continente.

A su vez, estamos trabajando en la identificación de organizaciones y proyectos locales de alto impacto, que necesiten apoyo, para poder así recibir profesionales voluntarios que colaboren de manera innovadora con su conocimiento, desde otras prácticas y otras culturas. Este trabajo se hace directamente con las comunidades involucradas y los voluntarios que participan de los proyectos, lo cual constituye un aporte innovador para la mirada tradicional de la cooperación internacional.

Más allá del proyecto local que reciba a los primeros profesionales voluntarios, América Solidaria Uruguay representa una invitación a hermanarse con el continente y comprender que el crecimiento y el desarrollo es un derecho de todos y no unos pocos.

Natalia Mamberto

Directora de Cooperación de América Solidaria Uruguay

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