¿Qué significa trabajar en primera infancia en Haití?

Uruguay
Nicolás Iglesias, uruguayo y profesor de Educación Inicial, y Francisca Astaburuaga, chilena y Psicóloga, son profesionales voluntarios de América Solidaria y trabajan en el Programa Primera Infancia de Haití desde el mes pasado. Por un año, tendrán el desafío de crear comunidades de aprendizaje para fortalecer los procesos pedagógicos en 3 escuelas de Fe y Alegría Haití.

Compartimos esta nota del equipo de América Solidaria Haití, escrita por Nicolás Iglesias y Francisca Astaburuaga.

En un país como Haití que lucha por sobrevivir día a día, que tiene altos índices de mortalidad infantil y que se enfrenta a una serie de incertidumbres diarias, nos preguntamos cómo vemos la primera infancia o más bien, cómo se ha invisibilizado la primera infancia.

En Haití, muchos niños se encuentran en situación de vulnerabilidad, de desnutrición, deben trabajar, hacerse cargo de sus casas y sus hermanos. Pero los niños en primera infancia, los que aún no pueden levantar el cubo de agua ni cocinar y muchas veces no pueden comunicarse, ¿qué ha pasado con ellos todos estos años? Todos fuimos niños en algún momento y, en ese momento necesitábamos, ante todo, vínculo.

Es en esta etapa que nuestro cuerpo está especialmente atento a una mirada, a una caricia, a un abrazo. Es cuando nuestro cerebro se caracteriza por ser una esponja que absorbe todos los estímulos de nuestro entorno. Incluso antes de nacer, el niño va incorporando estímulos sensoriomotores y reaccionando ante los mismos y cuando cumple un año de vida, se generan un sin número de conexiones neuronales a partir de la relación que el niño mantiene con su entorno.

A partir de este instante y hasta los tres años, se refuerzan las actitudes estimuladas y se pierden las que no se median en este proceso.  Por eso, este es el momento clave en que se debe trabajar los elementos fundamentales en los niños para otorgarles herramientas que les ayudarán en su desarrollo biológico, social, psicológico y afectivo, lo cual se torna relevante en  contextos de alta vulnerabilidad. Si bien Haití está construyendo una política para la pequeña infancia, aceptamos este desafío con humildad porque creemos que algo se puede y debe hacer.

No podemos ir a las casas de todos los niños y niñas, pero si podemos apostar por la educación, esa educación que muchas veces olvidamos pero que sienta las bases para nuestra vida. Así es, nosotros creemos que la educación toma un lugar relevante y que sin duda es desde este espacio que podemos trabajar conjuntamente en la superación de la pobreza.

A través del fomento de la autonomía estaremos brindando las capacidades para que cada niño y niña pueda valerse por sí mismo. Apostamos  por poder lograr una revolución de las pequeñas grandes cosas. Es un gran desafío, sin duda, pero estamos convencidos de que podemos construir el cambio, trabajar por el desarrollo de un país que no es el nuestro, en reconocer que todos somos personas dignas y así dejar parte de nosotros en cada profesor, niño y familia.