Las políticas para los jóvenes “ni-ni” no son suficientes

Argentina
El 72% de los jóvenes que no estudian ni trabajan son en realidad mujeres que cumplen tareas de cuidado en el interior de sus hogares, cuidan a sus hijos, a sus hermanos, a sus abuelos, a sus parejas... Todas tareas necesarias para que los otros miembros de sus hogares puedan vivir sus vidas.

En los últimos años, especialmente después del inicio de la crisis internacional en 2008/9, un tema recurrente en el debate público fue el fenómeno de los jóvenes que no estudian ni trabajan, los mal llamados “ni-ni”.

Lo más preocupante es que desde 2003 la cantidad de jóvenes que no estudian, no trabajan, ni buscan trabajo, aumentó en un 23% y hoy representa a 1.054.881 argentinos. Sucedió en un período de crecimiento, y en el que el gobierno nacional se preocupó especialmente por la terminalidad educativa y la inserción laboral de los jóvenes. De hecho, hoy se implementan 42 intervenciones desde 9 organismos del Estado nacional dirigidas a los jóvenes, y en su mayoría colocan el foco en educación o trabajo. Las más destacadas son quizás el Progresar, el Jóvenes con Más y Mejor Trabajo y el Fines.

En 2013 un informe de CIPPEC reveló que detrás de este fenómeno se escondía una realidad distinta a la que presentaban por lo general los medios. No son pibes que están en las esquinas, con problemas de consumo de alcohol y drogas y vinculados a los circuitos delictivos. El 72% de los jóvenes que no estudian ni trabajan son en realidad mujeres que cumplen tareas de cuidado en el interior de sus hogares, cuidan a sus hijos, a sus hermanos, a sus abuelos, a sus parejas. Lavan, planchan, cocinan, barren, limpian, llevan al médico, a la escuela, educan. Todas tareas necesarias para que los otros miembros de sus hogares puedan vivir sus vidas.

Estas chicas jóvenes están permitiendo, con su inversión en tiempo, y su costo de oportunidad al no poder estudiar ni trabajar, la vida y la inserción laboral de sus familiares, y la sostenibilidad económica y reproducción demográfica de nuestra sociedad más generalmente. El imaginario de los ni-ni, entonces, además de denigrante, es erróneo.

Estas jóvenes tienen derecho a terminar sus estudios y a insertarse en empleos decentes en el mercado laboral, lo cual implica desmoronar la carga cultural que se les coloca sobre sus hombros. Un contraargumento frecuente a este punto es que las jóvenes buscan el embarazo como proyecto de vida. Los datos tienden a respaldarlo, al evidenciar, por ejemplo, que primero se da la deserción escolar y luego, el embarazo. Sin embargo, es importante preguntarse hasta qué punto estos hechos son realmente decisiones.

La decisión de ser madres (o padres) jóvenes parece desprenderse más bien de fracasos en otros ámbitos: en la familia de origen, en la escuela y en el trabajo. Así, las tres principales instituciones que la Sociología identifica para la socialización de una persona están fallando en su función. Ante este escenario, al no poder ser plenamente hijo/a, alumno/a o trabajador/a, no llama la atención que se decida ser madre o padre: es quizás la única opción para lograr un status.

¿Qué está fallando? Hubo crecimiento, se priorizó el tema y se implementaron políticas públicas, pero se está ignorando lo que ocurre en el interior de los hogares. La carga que se les coloca a estas jóvenes mujeres por el cuidado de sus familias es probablemente la misma que tienen todas las mujeres de la sociedad. Sin embargo, ellas no tienen opción de acceder a los servicios -en su mayoría, privados- de cuidados o de ayudas domésticas que les permitan una inserción en el mercado laboral, cómo sí sucede en otros estratos sociales. Es hora de entender que políticas públicas de cuidado no son un lujo sino una condición necesaria para que nuestros jóvenes y sus hijos puedan desarrollarse plenamente.

En este marco y en el contexto del año electoral, sobresale la mala noticia de la ausencia del tema de cuidados en la agenda pública.

Fabián Repetto y Gala Díaz Langou
Director y coordinadora del Programa de Protección Social de CIPPEC

(Gala Díaz es Presidenta del Directorio de América Solidaria Argentina. Columna publicada originalmente en Clarín)